No es ningún secreto que los teléfonos móviles forman parte ya de la realidad cotidiana de nuestros adolescentes. En consecuencia, las escuelas han tenido que regular el uso del móviles en el ámbito escolar y plantear cómo introducir las nuevas tecnologías como recurso y herramienta pedgógica.
Un uso que, previamente, debe haber sido guiado de una manera adecuada para las familias.

En este post os ofrecemos algunas recomendaciones y reflexiones que pueden ayudarle en esta tarea.

Decidir el momento en que aceptamos el uso personal de nuestros hijos de una herramienta como un smartphone debe responder a una decisión meditada previamente por la familia.
En un primer paso, la madre y el padre o los progenitores correspondientes deben reflexionar, y con toda la información posible sobre la mesa, sobre cómo quieren gestionar esta nueva etapa. Por este motivo, la tarea de información y formación previa que se necesitan hacer los padres es básica.
No obstante, debemos tener en cuenta otro elemento fundamental. Nadie mejor que los padres conocen a la perfección la personalidad de su hijo. Por lo tanto, hay que adaptar las decisiones y las recomendaciones de psicólogos infantiles expertos en nuevas tecnologías a la realidad íntima y personal del menor.

En un segundo paso, las pautas y los límites de uso del móvil deben ser consensuados y pactados con el menor, más impuestos por la fuerza. Ahora bien, si lo pactado no se respeta debe quedar claro que serán los padres los que decidirán si habrá algún tipo de consecuencia posterior.
Por ejemplo, uno de estos límites es la hora máxima en la que el adolescente por utilizar el móvil antes de ir a dormir. Doctores expertos en el sueño infantil afirman que por cada 13 minutos que el menor ve una pantalla de móvil el cerebro reduce un 50% la generación de melatonina, la hormona que regula el sueño y ayuda a dormir.
Otros aspectos a negociar conjuntamente son los perfiles de las redes sociales que pueden tener y en qué condiciones (si los padres deben ser seguidores obligatoriamente); el tipo de imágenes y material que pueden elevar a público en una red social; si los padres deben tener acceso libre al móvil del hijo; el uso del móvil en casa mientras, por ejemplo, se come y se cena, etc.

Sin embargo, tanto los límites como el sentido común son unos parámetros que deben estar acompañados por un valor todavía más importante. La comunicación familiar. Es esencial haber trabajado previamente la comunicación y los puentes de diálogo adecuados con nuestros hijos. Si viven o son testigos de cualquier conflicto digital tendrán la confianza y la seguridad para explicarlo. Estamos hablando, en el fondo, de asertividad y empatía. En el ámbito escolar, esta comunicación es, igualmente, básica.

Además, cabe destacar que la introducción de las nuevas tecnologías y el uso de los teléfonos móviles debe ser paulatina y supervisada. Nunca controlada hasta el extremo de que los hijos perciban los padres como policías.

Finalmente, las familias deben saber cuáles son las redes sociales más utilizadas por los adolescentes y cómo las usan, qué hacen. Ya no están en Facebook. Son en Instagram y en ThisCrush.

La última recomendación es que las familias deben participar del mundo digital de su hijo y lograr que no les perciban como extraños. Abrir perfiles familiares en Instagram o en Spotify son dos buenas prácticas para que las nuevas tecnologías sean un elemento más de la comunicación entre padres e hijos. Las escuelas también son un espacio magnífico para fomentar estas buenas prácticas.

Todo ello ayudará al buen uso del móvil en los adolescentes, tanto en el ámbito familiar como en el escolar.

*Este artículo lo he publicado orginalmente en el blog de Educa Manyanet: https://goo.gl/fh7WH2

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